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8/25/2008

Chips para prevenir secuestros

Fuente: BAQUIA.

Una compañía mexicana ha desarrollado una tecnología para insertar un chip subcutáneo que permite localizar vía satélite a su portador. Miles de clientes ya lo utilizan ante el miedo a sufrir un rapto.

Los secuestros son, desgraciadamente, una práctica habitual en diferentes países, y uno de los más afectados es México, donde el número de estos delitos ha aumentado un 40% entre 2004 y 2007, convirtiendo al país centroamericano en uno de los más peligrosos junto a Irak y Colombia. El año pasado se superaron los 7.000 secuestros, según cifras no oficiales.

Auténticas industrias de delincuentes viven de los rescates, atemorizando no sólo a adinerados hombres de negocios sino a personas de cualquier condición. Ahora la tecnología puede aliviar un tanto el temor de ser objeto de un secuestro.

Y es que en México, aquellos que pueden permitirse gastarse algunos miles de dólares para aumentar su protección han empezado a instalar transmisores bajo su piel para poder ser localizados vía satélite en caso de secuestro.

Esta técnica ha sido diseñada por la compañía Xega, que asegura tener ya más de 2.000 clientes. El chip se introduce dentro de una cápsula de cristal del tamaño de un grano de arroz, que se inserta bajo la piel. Entonces envía señales de radio a un aparato GPS que lleva el cliente, que a su vez manda su posición a un satélite.

El coste de la operación es de 4.000 dólares, mas una tasa de mantenimiento anual de 2.200 dólares.

Muchos clientes insertan el chip en el brazo entre el músculo y la piel, de modo que no pueda ser identificado. Si se ven en situación de peligro, lo único que tiene que hacer es apretar un botón de alerta para activar el sistema y avisar a Xega, que se pone en contacto con la policía.

Por supuesto, el sistema tiene sus detractores, que afirman que el chip sólo identifica a una persona, y no sirve para nada si los delincuentes encuentran y destruyen el GPS que el cliente debe llevar. El miedo al secuestro provoca que muchos mexicanos gasten dinero en una tecnología que no acaba de demostrar su utilidad.